Promediar el coste monetario

En principio, un inversor trata, mediante el análisis técnico, de averiguar cuál es el mejor momento para entrar en bolsa. La respuesta es que no existe ese mejor momento. Realmente existe, y es el mínimo de la cotización tras una caída bursátil. Pero las probabilidades de acertar con ese mínimo son casi nulas. Si tuviéramos la total certeza de que una acción va a subir su cotización compraríamos sin pensarlo, al igual que si supiéramos que va a bajar venderíamos para más tarde comprar a un precio menor. El problema es que es sumamente difícil saber esas circunstancias. La alternativa más prudente es renunciar a encontrar ese momento ideal y utilizar el promedio del coste monetario.

Con el promedio del coste monetario buscamos evitar comprar a un precio demasiado alto una acción. Se aplica a cada una de las acciones que componen nuestra cartera, y la forma de llevarlo a cabo es tan sencilla como realizar compras de esas acciones cada cierto tiempo. De la misma forma que en la diversificación por activos se evita concentrar todo el capital en una inversión concreta, por desconocer la compañía ideal, con el promedio del coste monetario se evita concentrar todo el capital en un único gasto, al desconocer el momento ideal de invertir.

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El promedio del coste monetario es una técnica de inversión que consiste en que el inversor destine una cuota fija a la compra de acciones, en intervalos constantes de tiempo, independientemente de si el mercado sube o baja. Cuando la cartera de inversión pierde valor compramos cada vez más acciones por cada cantidad de dinero que invertimos cada mes. Cuando la cartera se recupera, su revalorización se aplica sobre más acciones de nuestra propiedad. Esta regla se puede aplicar en todo momento, aunque no sepamos qué va a hacer el mercado, y por tanto desconozcamos el posible comportamiento de nuestra cartera mañana.

Si destinamos una cantidad fija de forma periódica a la compra de las acciones, no seremos presa de los momentos de euforia y pánico del mercado; el inversor que no aplica esto, la mayoría de las veces no puede soportar la presión bajista o alcista de los mercados y se mueve casi siempre por sentimientos de miedo y codicia. En la fase alcista, la aportación periódica comprará un número pequeño de acciones, una buena postura ante una bolsa cara, con PERs elevados. Cuando el mercado bursátil se encuentre en fase bajista, la bolsa estará cada vez más barata y la aportación periódica será capaz de comprar cada vez mayor número de acciones. La idea que hay detrás de este método, es que cuando los precios sean más bajos compremos más, mientras que cuando los precios sean más altos, compremos menos.

La firma estadounidense de investigación financiera Ibbotson Associates analizó con la técnica del promedio coste monetario, qué hubiera sucedido si un inversor hubiera aportado 100 dólares mensuales, frente a invertir el monto total de 12.000 dólares en un marco temporal de diez años englobando el periodo desde 1929 hasta 1939. Si un inversor hubiera destinado 12.000 dólares de una vez a un fondo que replicara al S&P 500, al final de los 10 años el valor de su cartera sería de 7.223 dólares con una revalorización del -39%. Por otra parte, destinando 100 dólares todos los meses, el importe final sería de 15.571 dólares, una revalorización del 29%. Por tanto, esta técnica amortigua las oscilaciones del mercado,  y promedia la rentabilidad frente al riesgo.